sábado, 14 de julio de 2012

Los siete tarros de oro

Al pasar un barbero bajo un árbol embrujado, oyó una voz que le decía: «¿Te gustaría tener los siete tarros de oro?». El barbero miró en torno suyo y no vio a nadie. Pero su codicia se había despertado y respondió anhelante: «Sí, me gustaría mucho». «Entonces ve a tu casa en seguida», dijo la voz, «y allí los encontrarás». El barbero fue corriendo a su casa. Y en efecto: allí estaban los siete tarros, todos ellos llenos de oro, excepto uno que sólo estaba medio lleno. Entonces el barbero no pudo soportar la idea de que un tarro no estuviera lleno del todo. Sintió un violento deseo de llenarlo; de lo contrario, no sería feliz. Fundió todas las joyas de la familia en monedas de oro y las echó en el tarro. Pero éste seguía igual que antes: medio lleno. ¡Aquello le exasperó! Se puso a ahorrar y a economizar como un loco, hasta el punto de hacer pasar hambre a su familia. Todo inútil. Por mucho oro que introdujera en el tarro, éste seguía estando medio lleno. De modo que un día pidió al Rey que le aumentara su sueldo. El sueldo le fue doblado y reanudó su lucha por llenar el tarro. Incluso llegó a mendigar. Y el tarro engullía cada moneda de oro que en él se introducía, pero seguía estando obstinadamente a medio llenar. El Rey cayó en la cuenta del miserable y famélico aspecto del barbero. Y le preguntó: «¿Qué es lo que te ocurre? Cuando tu sueldo era menor, parecías tan feliz y satisfecho. Y ahora que te ha sido doblado el sueldo, estás destrozado y abatido. ¿No será que tienes en tu poder los siete tarros de oro?». El barbero quedó estupefacto: «¿Quién os lo ha contado, Majestad?», preguntó. El Rey se rió. «Es que es obvio que tienes los síntomas de la persona a quien el fantasma ha ofrecido los siete tarros. Una vez me los ofreció a mí y yo le pregunté si el oro podía ser gastado o era únicamente para ser, atesorado; y él se esfumó sin decir una palabra. Aquel oro no podía ser gastado. Lo único que ocasiona es el vehemente impulso de amontonar cada vez más. Anda, ve y devuélveselo al fantasma ahora mismo y volverás a ser feliz».

- El canto del pájaro - Anthony de Mello -

6 comentarios:

Peregrina dijo...

Muy interesante, a veces no nos cuestionamos que nos hace felices, asumimos que el dinero o lo que la publicidad dice.
Es necesario un duro gulpe para que entendamos las verdaderas prioridades
Un abrazo grande
Peregrina

CAMELIA dijo...

Excelente relato para reflexionar!! fue muy grato pasar por aquí!! feliz domingo..
Un abrazo

Delia dijo...

Qué fácil caer en la tentación del barbero, será siempre el sufrimiento de la experiencia la que nos vuelva a la realidad.
Buena historia, un abrazo.

Olga i Carles (http://bellesaharmonia.blogspot.com dijo...

En esos tiempos la tentación está llamando a la puerta con dureza.
Seamos humildes y digamos NO.



Un abrazo.

Jurema dijo...

Moraleja!
El refulgir de lo dorado solo nos trae preocupación si no nos hacemos conscientes del poder que tiene el dinero…

Un gran abrazo

Betty Mtz Compeán dijo...

Que cierto esto Angeles, si vivimos pendientes de llenarnos de oro, jamas seremos felices porque dejaremos de lado cosas maravillosas y necesarias para nuestra plenitud.
Un gran abrazo.