miércoles, 30 de noviembre de 2011

El verdadero valor del anillo

Un joven concurrió a un sabio en busca de ayuda.
- Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar maestro?. ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
- ¡Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mis propios problemas. Quizás después... Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
- E... encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas-.
- Bien -asintió el maestro-. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho agregó: Toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo para pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.
En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, así que rechazó la oferta.
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.
¡Cuánto hubiese deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro! Podría habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y su ayuda.
- Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir 2 ó 3 monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
- ¡Qué importante lo que dijiste, joven amigo! -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo?. Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
- Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
- ¿¿¿¿58 monedas???? -exclamó el joven-.
- Sí, -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... Si la venta es urgente...
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
- Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya única y valiosa. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.

 - Jorge Bucay -

10 comentarios:

Myriam dijo...

Me gustó este cuento que deja una gran enseñanza y muestra como tendemos a menos valorarnos.

Besos,

Myriam dijo...

a infravalorarnos, quise decir.

AMBAR dijo...

Muy buen consejo, una enseñanza que deberíamos recordar siempre, somos lo que valemos segun lo merecemos y valemos por que somos, la chispa de energía universal es la que vale en nosotros.
Un abrazo.
Ambar

marga dijo...

Muchas veces la gente no se valora por eso, por dejarse influenciar por las personas que no saben valorarlas.
Esas, las que no valoran a los demás, son las que no valen nada.

Bonito nuevo look del blog :)))
¡Abrazos!

Mari Carmen dijo...

Un excelente cuento que me llega siempre que lo veo. Pareciera que en muchas ocasiones necesitamos la aprobación de los demás, que sean los demás los que nos den el valor, y somos únicos e irrepetibles. Cada persona nos verá de una determinada forma, pero nosotros tenemos que saber valorarnos a nosotros mismos y no depender de las opiniones que los demás tengan de nosotros.
Un fortísimo abrazo y que tengas un feliz finde

Olga i Carles (http://bellesaharmonia.blogspot.com dijo...

La Verdadera Joya es la Chispa del
Corazón...



Gracias.
Feliz fin de semana.

Betty Mtz Compeán dijo...

Cada uno somos una pieza de un valor incalculable. bella reflexion.
Te dejo un gran abrazo, y feliz fin de semana.

Hechicera dijo...

Maravilloso, muchas gracias, me llego en un momento muy adecuado

abrazo de luces multicolores

Hechi

Red. dijo...

Cuánta verdad!!

Hablando de Bucay siempre recuerdo estas palabras:

"Se encuentran dos personas conocidas por la calle. Una le dice a la otra:
-Buen día, como estoy hoy?
-Usted está muy bien, y yo como estoy?"

Suena ridículo pero es así, necesitamos que los demás nos confirmen nuestro valor, y si no llega esa confiración sentimos que no valemos, pero SI VALEMOS.

Besos y buena semana!!

Delfina dijo...

Hola!

Qué lindo fue encontrar este blog casi,por casualidad?
no sé si seguis escribien
dolo pero me gustaria leerlo.
Tome prestada una de las imagenes,para un bebé que
esta por llegar.....