jueves, 21 de abril de 2011

El Reino de Dios está con nosotros


En tiempo de Pascua la iglesia nos invita a buscar la paz interior. Éste, es un proceso hermoso pero muy difícil. Muchísimas personas, para buscar la paz suelen decir: “Me voy de vacaciones, ya no doy más, estoy saturado…”. Está bien, yo creo que es muy bueno, de vez en cuando, interrumpir el ritmo de la vida y dedicarse un poquitito a nuestra propia persona.

Otros, en cambio, dicen: “Tomaré un tiempo de silencio; haré un retiro” o bien, “Iré a una montaña, sin que nadie esté alrededor mío para tener un poquito de tranquilidad”. También algunos opinan que: “Si quieres paz no hables, callate la boca”. Esto último me hace acordar, risueñamente, algo que el otro día un chico joven me contó: “Abrí la boca y me echaron del trabajo. Abrí la boca y me castigaron, pero yo dije la verdad…”. Es cierto, pero sucede que “el otro” no estaba disponible para escuchar la verdad o para aceptarla. Yo creo que, más allá de decir las cosas correctas o no, cuando nos referimos a “callarnos la boca” queremos significar que tenemos que “saber cuando hablar o cuando no”. En cierta forma es aprender a ser sabios, prudentes; expresar nuestros sentimientos sin ofender a nadie, simplemente invitando a los demás a la conversión.

También existen quienes dicen: “Bueno, si definitivamente quieres lograr la paz, pensá mucho sobre tu propia persona, analizate, reconocé tus defectos y corregílos”.

Son muchos y variados los consejos para descubrír la paz. Pero…¿saben? la paz no llega porque nos fijamos metas o viajamos de un lugar al otro, es mucho más profundo y necesita de nuestra entrega sincera y total. Fíjense, muchas veces nos ponemos metas para lograrla pero en nuestra vida cotidiana hacemos cosas que…no sé si son realmente para buscar la paz y …aunque así sea, muchas veces terminamos complicándonos la vida, como dijo aquel chico: “Abrí la boca para decir verdades y me echaron…”

A veces “abrimos la boca” para criticar una persona y luego nos sentimos abandonados, marginados, aparte. Es que, cuando nosotros obramos, según lo que hacemos o decimos, la paz vuelve como resultado de nuestro actuar ¡no se olviden!

Todo lo que significa paz vienen hacia nosotros, no porque nosotros lo buscamos, (aunque tengamos la mejor intención de buscar la paz) sino por la manera en la que utilizamos nuestra prudencia, nuestra paciencia, nuestra sabiduría.

No se puede alcanzar paz verdadera hasta que no llegamos a tener incorporadas en nuestras vivencias las bienaventuranzas. Tenemos que aprender a compartir la vida con los demás con humildad, sencillez de corazón, perdón, misericordia.

Muchas veces pensamos que complacer nuestra persona nos da la paz. Es una equivocación ¡tan grande!... Hacemos cosas para satisfacer nuestro ser, para asegurar lo que nosotros creemos que va a ser la felicidad o la tranquilidad pero… hasta que nuestro egoísmo no esté dominado nunca podremos alcanzar la verdadera paz.

Por ejemplo: muchas personas piensan que aumentar su capacidad económica le dará paz interior; pregúntenles, cuando tenga la plata, si tienen paz interior. No la tienen. Porque la paz interior es algo que realmente se puede lograr cuando alcanzamos un desprendimiento total de las cosas terrenales, de lo sentimental y lo material. Esto no significa que tenemos que abandonar la vida terrena. La doctrina de Jesús nos enseñó algo hermoso: que tenemos que vivir con nuestro pan de cada día. Es decir: tenemos que vivir la realidad de este mundo. Jesús no nos quita esta posibilidad. Es más, nos aseguró: “el Reino de Dios ya está con vosotros”; ahora la vida terrenal también es una gracia, una bendición de Dios. No nos dijo que tiremos a la basura toda la vida terrenal o que todos nos hagamos monjes y monjas, porque, aunque seamos monjas y monjes también tenemos que ver la vida desde lo terreno. No hay una manera de escapar o de escondernos de la realidad cotidiana.

Ustedes pueden llegar a preguntarse: “Entonces… ¿dónde se encuentra el desprendimiento?”

Pienso que, cuando vos sabes discernir, y decidir, tu felicidad, tu paz interior, no está limitada más que por la gracia y la bendición de Dios. Ese es el momento en el que encontramos la paz.

Es importante comprender que no se nos está pidiendo que tiremos todo a la basura, sino que ubiquemos los valores de la vida. Cuando ubicamos cada cosa con el valor que corresponde y el sentimiento que corresponde, sin abusar de nada ni de nadie, amando por sobre todas las cosas a Dios, llevando tu conciencia más pura, más sana, ante la presencia de Dios y disfrutando la vida, llega la paz interior.

No sé si lo he explicado bien porque es algo muy difícil; el hombre tiene que elevar bastante su propia persona ante la conciencia de Dios pero, cuando su conciencia está limpia, sana, pura, ante la gracia de Dios, puede disfrutar todo: el matrimonio, el sexo, el dinero, el poder, lo material, lo sentimental, su familia, sin perder lo mejor que tiene su vida: una conciencia sana y paz interior.

De esta forma nuestra manera de actuar no es un abuso, no es violencia, no es algo que hemos alcanzado porque permanentemente estuvimos gritando para enseñar a los demás, sino porque nuestras palabras son palabras sabias y sanas.

Cuando vos tenés una vida que habla más allá de las palabras, más allá de la necesidad de corrección, encontrás ese estado de paz y tranquilidad que busca tu vida.

Es difícil. Nadie logrará ser santo de un día para el otro. Tenemos que vivir la realidad terrenal y ésta, a veces, nos pone a prueba cuando el mundo nos quita la paciencia, nos desarma la seguridad, nos aparta de la comprensión, nos aleja de la capacidad de perdonar y comprender.

Es necesario “ver” que estamos destinados a vivir en un mundo complicado, lleno de conflictos de diferentes formas y que, justamente por este motivo, es que cuesta mucho lograr la paz interior, porque cuando convivimos con la injusticia, la discriminación y un montón de cosas más uno se pregunta: ¿cómo puedo tener paz en medio de tanta guerra y división?

Creo que la paz interior se alcanza cuando ponemos nuestro ser en manos de Dios y, a pesar de los defectos que nos rodean, rogamos por los demás (y por nosotros mismos) para que puedan convertir su vida llevando la paz donde haya guerra, la reconciliación donde haya odio; y donde hay división, la misericordia, el perdón y el amor para intentar construir un mundo mejor.

Cuando seas capaz de ser testimonio de paz, amor y misericordia para los demás, encontrarás tu propia paz interior. Es difícil. Pero no se olviden jamás que es posible. Es posible.

Jesús dijo muchas veces:” El mundo reconocerá que son mis discípulos por el amor” conque conviven y comparten su vida. Cuando llega este punto tu vida se convierte en testimonio de la vida de Jesús y se logra la paz perfecta. Es un ideal muy alto… Pero sí, como seres humanos, todos tenemos el poder de vivir en paz y de lograr nuestra paz interior.

Demos paz si queremos lograr que ésta habite en nuestro interior. Cuando podamos brindar a todos el amor y el afecto que merecen, nuestro corazón tendrá capacidad de vivir en paz, porque nadie puede dar lo que no posee.

La paz perfecta llegará a nosotros el día en que seamos capaces, con gran humildad, paciencia y comprensión, de brindar esperanza a quienes nos rodean.

Que Dios nos transforme y llevando nuestra cruz de cada día como hizo Jesús, podamos anunciar la paz al mundo.

- Padre Ignacio Peries - (Extraído de la revista Compartiendo)

8 comentarios:

Anónimo dijo...

hola, hermana!! muy interesante entrada! Empecemos a construir desde nuestro corazón alimentemos nuestro templo interior, el resto vendrá, vendrá!! Besitos y muchas felicidades!!
Andy

Red. dijo...

Coincido contigo, amiga, la paz viene como consecuencia de haber encontrado nuestra misión en la vida... y llevarla a cabo.

Besos y felices pascuas.

Myriam dijo...

Bonito texto. ¡Qué la Paz sea contigo!. Siempre es importante y no importa como, buscarla, hallarla y vivirla.

Besos

Delia dijo...

Recibo tu mensaje desde ese centro que da la paz.
Un abrazo querida Angeles.

Amizade dijo...

Hola Angeles

Pasamos a desejarte Felices Pascuas.

Tienes un "regalito" en nuestro Farol.

Besitos y abrazos de tus amigos

Argos, Tétis y Poseidón

arancha dijo...

Bonito blog.

Anónimo dijo...

Gracias por compartir estos mensajes
Blanca

Olga i Carles dijo...

Tiempo de silencio y festejo, cada cual a su manera, no olvidando por eso el verdadero mensaje de vivir una vida totalmente regenerada y nueva.



Gracias.