martes, 15 de marzo de 2011

El círculo de la alegría

Cuenta Bruno Ferrero que cierto día un campesino golpeó con fuerza la puerta de un convento. Cuando el hermano portero abrió, él le extendió un magnífico racimo de uvas.
-Querido hermano portero, estas son las más bonitas producidas por mi viñedo. Y vengo aquí para regalarlas.
-¡Gracias! Las llevaré inmediatamente al abad, que se alegrará con este ofrecimiento.
-¡No! Yo las he traído para ti.
-¿Para mí?-. El hermano se sonrojó porque consideraba que no merecía tan bello presente de la naturaleza.
-¡Sí! - insistió el campesino. - Porque siempre que golpeé esta puerta tú me abriste. Cuando necesité ayuda porque la sequía había destruido mi cosecha, tú me dabas todos los días un pedazo de pan y un vaso de vino. Yo quiero que este racimo de uvas te traiga un poco del amor del sol, de la belleza de la lluvia y del milagro de Dios, que lo hizo nacer tan hermoso.
El hermano portero colocó el racimo frente a él y pasó la mañana entera admirándolo: era realmente precioso y por eso resolvió entregar el regalo al Abad, que siempre lo había estimulado con palabras de sabiduría.
El Abad se puso muy contento con las uvas, pero se acordó de que había en el convento un hermano enfermo y pensó:
"Le daré el racimo. Quizá puede aportar alguna alegría a su vida".
Y así lo hizo. Pero las uvas no permanecieron mucho tiempo en la habitación del hermano enfermo, porque éste reflexionó:
"El hermano cocinero ha cuidado de mí durante tanto tiempo, alimentándome con lo mejor que tenía. Estoy seguro de que se alegrará con esto".
Cuando el hermano cocinero apareció a la hora del almuerzo, trayendo su comida, él le entregó las uvas.
-Son para ti- dijo el hermano enfermo. - Como siempre estás en contacto con los productos que la naturaleza nos ofrece, sabrás qué hacer con esta obra de Dios.
El hermano cocinero quedó deslumbrado con la belleza del racimo, e hizo que su ayudante observase la perfección de las uvas. Tan perfectas - pensó él - que nadie mejor que el hermano sacristán para apreciarlas; como él era el responsable de la custodia del Santísimo Sacramento, y muchos monasterios lo consideraban un hombre santo, sería capaz de valorar mejor aquella maravilla de la naturaleza.
El sacristán, a su vez, obsequió las uvas al novicio más joven, para que éste pudiera entender que la obra de Dios está en los menores detalles de la Creación. Cuando el novicio las recibió, su corazón se inundó de la Gloria del Señor, porque nunca había visto un racimo tan lindo. En ese momento se acordó de la primera vez que había llegado al monasterio y de la persona que le había abierto la puerta: había sido ese gesto el que le había permitido estar hoy en aquella comunidad de personas que sabían valorar los milagros.
Así, poco antes de caer la noche, llevó el racimo de uvas al hermano portero.
Come y aprovecha - le dijo. Porque pasas la mayor parte del tiempo aquí solo y estas uvas te harán muy feliz.
El hermano portero comprendió que aquel presente le había sido realmente destinado, saboreó cada una de las uvas de aquel racimo y durmió feliz.
De esta manera, quedó cerrado el círculo: el círculo de felicidad y alegría que siempre se extiende en torno a las personas generosas.

- Paulo Coelho -


17 comentarios:

Geraldine, dijo...

eso de que todo vuelve, sobretodo las buenas acciones...que cuento mas bonito....

Diego dijo...

Hermosa entrada!
Como siempre es un placer leerte!

Te dejo muchos saludos...
Diego.

andy dijo...

Una muy linda manera de expresar que todo lo que te pertenece vuelve a ti... Confiemos en nosotros y hagamos todo de corazón, y tras esta reflexión que expusiste aquí en este maravilloso telar, te digo TE amo!!!!

Lobo Alpha dijo...

Los circulos parecen estar en todos lados, muchos de ellos necesarios, Coelho sabe de ello.

Myriam dijo...

ES un cuento bellísimo y esa, es la única forma de cambiar el mundo: con amor y generosidad.

Un beso, Angelita

marga dijo...

Mientras iba leyendo, me iba imaginando que las uvas volverían al portero...

Me encantó :)))

Besos!

Adolfo Payés dijo...

Gracias por compartirlo.. me gustó mucho..




Un abrazo
Saludos fraternos..

La Zarzamora dijo...

No podían volver a mejores manos.
Besos, Ángeles.

EL AVE PEREGRINA dijo...

Bello relato,Ángeles, la generosidad debiera de reinar siempre.

Un abrazo desde Galicia.

Red. dijo...

Nadie recibe nada de lo cual no sea merecedor.

Besos y gracias por tan lindo cuento!!

LUGAR DE PAZ - dijo...

simplemente me dejaste reflexionando ahora esta misma maravilla se lo pasare a mis chicos de confirmacion, y tambien lo s leere a los padre en la reunion que tenga con ellos, a ver pueden contemplar esta belleza de compartir y de fraternidad en todos
saludos

La Gata Coqueta dijo...

En Mis caricias del alma he dejado una cesta de rosas que abre la entrada de hoy "Quiero ver el alba" de bonitos colores, la he compuesto con mucho amor para quien se la quiera llevar como un presente, para sentirse acariciado por el suave aroma de sus fragantes pétalos.

Un sentido y fuerte abrazo en este fin de semana para ti!!

María del Carmen

Gara dijo...

Una preciosa entrada, Angeles.

Siempre es un placer visitarte.

Abrazos

Belkis dijo...

Hermosísimo cuento Angeles. El que da amor recibe amor. El círculo se cierra siempre que subyace la bondad y la generosidad.
Te dejo un abrazo inmenso

mimbre dijo...

Hola Ángeles...
Esta escrito: Solo de lo que siembres...Cosecharas¡¡ Siempre se cumple lo prometido, si amamos desde el corazón, el amor estara siempre presente en nosotros¡
Buenisimo, Amiga mia¡
Un abrazo enorme y buen finde¡
Osvaldo

mimbre dijo...

Hola Ángeles...
Esta escrito: Solo de lo que siembres...Cosecharas¡¡ Siempre se cumple lo prometido, si amamos desde el corazón, el amor estara siempre presente en nosotros¡
Buenisimo, Amiga mia¡
Un abrazo enorme y buen finde¡
Osvaldo

Adara dijo...

Qué bonito! Eso demuestra que las buenas acciones siempre son recompensadas de una forma u otra.

Un saludo!