jueves, 11 de febrero de 2010

Las campanas del templo

El templo había estado sobre una isla, dos millas mar adentro. Tenía un millar de campanas. Grandes y pequeñas campanas, labradas por los mejores artesanos del mundo. Cuando soplaba el viento o arreciaba la tormenta, todas las campanas del templo repicaban al unísono, produciendo una sinfonía que arrebataba a cuantos la escuchaban.
Pero, al cabo de los siglos, la isla se había hundido en el mar y, con ella, el templo y sus campanas. Una antigua tradición afirmaba que las campanas seguían repicando sin cesar y que cualquiera que escuchara atentamente podría oírlas. Movido por esta tradición, un joven recorrió miles de millas, decidido a escuchar aquellas campanas. Estuvo sentado durante días en la orilla, frente al lugar en el que en otro tiempo se había alzado el templo, y escuchó, y escuchó con toda atención. Pero lo único que oía era el ruido de las olas al romper contra la orilla. Hizo todos los esfuerzos posibles por alejar de sí el ruido de las olas, al objeto de poder oír las campanas. Pero todo fue en vano; el ruido del mar parecía inundar el universo.
Persistió en su empeño durante semanas. Cuando le invadió el desaliento, tuvo ocasión de escuchar a los sabios de la aldea, que hablaban con unción de la leyenda de las campanas del templo y de quienes las habían oído y certificaban lo fundado de la leyenda. Su corazón ardía en llamas al escuchar aquellas palabras... para retornar al desaliento cuando, tras nuevas semanas de esfuerzo, no obtuvo ningún resultado. Por fin decidió desistir de su intento. Tal vez él no estaba destinado a ser uno de aquellos seres afortunados a quienes les era dado oír las campanas. O tal vez no fuera cierta la leyenda. Regresaría a su casa y reconocería su fracaso. Era su último día en el lugar y decidió acudir una última vez a su observatorio, para decir adiós al mar, al cielo, al viento y a los cocoteros. Se tendió en la arena, contemplando el cielo y escuchando el sonido del mar. Aquel día no opuso resistencia a dicho sonido, sino que, por el contrario, se entregó a él y descubrió que el bramido de las olas era un sonido realmente dulce y agradable. Pronto quedó tan absorto en aquel sonido que apenas era consciente de sí mismo. Tan profundo era el silencio que producía en su corazón...
¡Y en medio de aquel silencio lo oyó! El tañido de una campanilla, seguido por el de otra, y otra, y otra... Y en seguida todas y cada una de las mil campanas del templo repicaban en una gloriosa armonía, y su corazón se vio transportado de asombro y de alegría.

Si deseas escuchar las campanas del templo, escucha el sonido del mar.
Si deseas ver a Dios, mira atentamente la creación. No la rechaces: no reflexiones sobre ella. Simplemente, mírala.

- El canto del Pájaro - Anthony de Mello –


17 comentarios:

El ave peregrina dijo...

Hermosa entrada Ángeles, el empeño en conseguir algo a veces nos la juega...Pero cuando menos lo esperamos suena la campana...Por ello hay que esperar pero no con tanta insistencia y lo que deseamos suele caer por su peso...(no siempre)...

Un beso

Adolfo Payés dijo...

Que lindo es visitarte..

Un abrazo
Saludos fraternos..

Que disfrutes del fin de semana..

Shanty dijo...

Hermoso, muchísimo. Gracias Angeles por la belleza de los textos que nos compartes.

Muchos abrazos.

marga dijo...

Me hizo gracia que mientras leía se escuchaban las campanitas de tu blog, tilín tilín... :)))

Besos!!! :)

delfin en libertad dijo...

A veces hay que mantener la calma y paciencia y se mostrarán los resultados. Bella reflexión como todo lo que posteas mi querida Angeles. Un abrazo grande.

bixen dijo...

Olé: maravilloso campaneo!

Delia dijo...

Hola Angeles:

Hermosa entrada, todo lo que viene de Anthony es música para el alma.

P.D. la fotografía de mi entrada es de un blog que tiene fotos de aves de la zona de Rosario....si querés recrear tu nostalgia, son las mismas que nos visitan por acá.

Un beso.

Sol dijo...

Pucha con el hadita que no me dejaba leer jajjaja
Bueno ... me decia a mi misma cuando termine de leer el texto que muchas veces quizas nos pasan en cosas simples... cuando nos empecinamos de manera obsesiva en algo... ese algo se niega a nosotros...
En cambio., cuando relajamos nuestro corazón, cuando lo abrimos sin esperar nada a cambio... es donde recibimos las cosas mas bellas!!!
Hermoso!!!
Besos mi Angeles, y buen fin de semana!!!

Vivian Angélica dijo...

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Hola!!
Estoy de pasadita dejando mi huella, espero tengas un buen fin de semana junto a tus seres queridos....
Cariños Vivian

Dulce dijo...

A qué se refería Nietche con aquello de que "Dios ha muerto?"

Myr dijo...

Lindo cuento, hay que escuchar al mar y admirar la Creación. Ser uno con ella.

Y sobre tu menaje en mi blog: jajajaja no tenias más que preguntar. Además en mi perfil está mi correo electrónico. También me puedes dejar abrazos alli..

Yo también TQM, Angelita.

Juan Francisco dijo...

Preciosa historia Ángeles. Al fin solo el corazón puede escuchar esos sonidos silenciosos, solo cuando escuchamos hacia adentro somos conscientes de lo que suena a nuestro alrededor. Un abrazo muy fuerte amiga mía.

Eva- La Zarzamora dijo...

A mí será que me dieron con el badajo de la campanita y por eso será que oigo el ding dong.
Ahora esa campanita que vuela me lleva de calle ;)

Besitos.

Olga i Carles dijo...

En la dicha...
En la tristeza...
En la calma...
En la tormenta...
Cuando menos esperas
llega a ti el rayo
que te rodea e invade.
La luz penetra en ti,
y ahí en medio
de un gran vaivén,
está la respuesta
para vivirla con respeto.


Un abrazo.
Feliz fin de semana.

Aracne dijo...

Impresionaante. Ya coelho usó una adaptación de esta historia para encabezar su libro el guerrero de la luz. Nunca deja de asombrarme.Y me confirma que para escuchar primero es necesario hacer el silencio en uno mismo.

Aracne dijo...

Impresionaante. Ya coelho usó una adaptación de esta historia para encabezar su libro el guerrero de la luz. Nunca deja de asombrarme.Y me confirma que para escuchar primero es necesario hacer el silencio en uno mismo.

Belkis dijo...

Precioso texto. A veces debemos relajarnos, olvidarnos por un momento de la persecución desmedida para ser capaces de ver aquello que tanto anhelamos. El silencio nos acerca a lo que buscamos. Besitos Angeles