lunes, 18 de enero de 2010

Dar para recibir

Había una vez un árabe llamado Beremis Samir, que hacía cualquier cosa con los números. Iba un día de viaje cuando halló, a mitad de su camino, a tres hombres que discutían acaloradamente frente a un lote de camellos…

Beremis se detuvo y les preguntó el motivo de la controversia, y uno de ellos le respondió:
“Somos hermanos y recibimos estos treinta y cinco camellos como herencia de nuestro padre, que acaba de fallecer. Yo, porque soy el mayor, debo quedarme, conforme a la voluntad del finado, con la mitad de los treinta y cinco camellos. Este, que es el segundo, debe recibir la tercera parte. Y aquel, que es el menor, la novena parte.

Y dijo otro de los hermanos: “Pero es imposible hallar la mitad exacta y más aún, la tercera y la novena partes de treinta y cinco!”

Beremis Samir pensó un instante y, luego, desmontando de su propio camello, lo agregó al lote de los que heredaron los hermanos. Y dijo: “Agregando mi camello a los de ustedes hay treinta y seis”.

Los hermanos se quedaron sorprendidos por la generosa actitud del viajero, pero aguardaron callados a que se explicara. Y así lo hizo, en efecto:

“Agregando mi camello a los de ustedes, hay treinta y seis. De modo que toma la mitad que te corresponde y separó dieciocho camellos para el mayor de los hermanos.

Volviéndose al segundo, prosiguió: “Te corresponde la tercera parte. Habiendo treinta y cinco camellos, no era posible que la recibieras, pues la tercera parte de treinta y cinco son once y pico. Y los camellos no tienen pico. Pero ahora, con el mío que agregué son treinta y seis: Ten. Ahí van tus doce camellos: la tercera parte exacta de treinta y seis.

Quedaba por satisfacer al hermano menor: “A ti, según el testamento de tu padre, te correspondía la novena parte del lote. La novena parte de treinta y seis son cuatro. Toma tus cuatro camellos”.

Entonces, Beremis Samir sumó lo que había repartido y dijo: “Tú has recibido dieciocho camellos, tú doce y tú cuatro, más de lo que les correspondía por ser la herencia de treinta y cinco camellos. Ahora sumemos: dieciocho más doce son treinta. más cuatro, treinta y cuatro. Quiere decir que de los treinta y seis camellos, sobran dos. Uno es el que yo puse. Y el otro, el que me corresponde por haberlos ayudado a obtener lo que les correspondía – y dejando a todos los hermanos contentos, se fue con los dos camellos.

- Desconozco el autor -


17 comentarios:

mardelibertad dijo...

Como siempre nos llenas con tus reflexiones.
Gran sabiduría..
Abrazo

..NaNy.. dijo...

Hola muy buena historia para reflexionar que lo bien repartido bien save. Saludos

Aracne dijo...

Ay, Dios¡¡¡ Pero que listo el viejo,después me preguntan mis hijos que por qué hay que estudiar. Anda que...

Myr dijo...

¡Genial este Samir!
¡Genial quien escribió eL cuento y Genial tu por traerlo aqui!

¡siiiiinnnn palabras!

Besos y gracias!

Merche dijo...

Nos viene siempre bien relatos como este para poder comprender las cosas y sobre todo reflexionar sobre ellas con atención, de ellas siempre se aprende...

Gracias por obsequiarnos con este bello y sabio realto.
Un beso lleno de Equilibrio.

Dulce dijo...

Más sabe el diablo por viejo que por diablo...

Muy bueno!

Besos amiguita!

Gotas de Armonía - Flores de Bach dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Gotas de Armonía - Flores de Bach dijo...

Seguro que los descendientes de Beremis Samir trabajan en un banco, porque cada vez que miro mi cuenta corriente me ha desaparecido dinero que se ha ido a las arcas del banco ;-)
Muy buena la historia.
Besos, David

sedemiuqse dijo...

Holaaaa, jo que flojilla ando.
Pero te dejo besitos y amor.
je

El ave peregrina dijo...

Bonito y reflexivo relato, la ganancia se la lleva el que reparte...

Un abrazo amiga.

Gara dijo...

Gracias por compartirlo, porque es una buena fábula.

Yo quiero un Samir en mi vida para que me lleve mis cuentas ...

Un abrazo

delfin en libertad dijo...

Que bueno, nadie sabe para quien trabaja. Un abrazo fuerte.

Graça dijo...

Olá ,minha amiga!!!

Gracias por visitar-me. Estou preparando aquela cirurgia (ai,ai...) e espero que na volta a gente se encontre como sempre!!!

Esse Samir...

Bjs

Esteja com Deus!

TORO SALVAJE dijo...

Que bien construido está.

Besos.

Delia dijo...

Hola Angeles:

Hermosa anécdota,más allá del ingenio está claro que la vida se nos pasa mientras el ego nos entretiene enredándonos en preocupaciones intrascendentes.

Un furte abrazo.

Cecilia F. dijo...

Gracias por tus palabras y por tu angel,me ha llegado toda la energia y aqui estoy plantando cara a los momentos bajos y volviendo a ser yo,un abrazo lleno de energia y gracias por ser como eres

Belkis dijo...

Vaya genialidad la del anciano, ayudando en el reparto, también le tocó su parte. La generosidad y solidaridad siempre aportan. Buena muestra.
Besitos Angeles