miércoles, 25 de noviembre de 2009

Tres quejas

Un joven monje se unió a una orden que requería silencio total. El abad, a voluntad podía permitir a cualquier monje que hablara. Pasaron casi cinco años antes de que el abad se acercara al monje principiante y le dijera:

-Puedes decir dos palabras.

Tras escoger sus palabras cuidadosamente, el moje dijo:

-Cama dura.

Con verdadera preocupación, el abad dijo:

-Lamento que tu cama sea incómoda. Veremos si podemos conseguirte otra.

Por su décimo año en el monasterio, el abad se acercó al joven monje y le dijo:

-Puedes decir dos palabras más:

-Comida fría-dijo el monje.

-Veremos que podemos hacer-contestó el abad.

En el decimoquinto aniversario del monje, el abad volvió a decirle:

-Ahora puedes decir dos palabras.

-Yo renuncio-dijo el monje.

-Probablemente sea lo mejor-respondió el abad-.No has hecho más que quejarte desde que llegaste aquí.

Equivocadamente se prefiere a veces “lo malo conocido a lo bueno por conocer”, pero uno no deja de quejarse de lo mal que vive, del daño que le hacen, de la mala suerte… Detrás de cada queja se esconde un miedo a lo nuevo, un miedo a fracasar. El antídoto para las quejas es el cambio, la transformación… y siempre de dentro a fuera...

- Desconozco el autor -

16 comentarios:

mardelibertad dijo...

siempre nos trae buenas reflexiones,de gran sabiduria
Abrazo

Myr dijo...

Muy buena la enseñanza, la queja es perniciosa y esteril.

Al igual que tù, he practicado el cambio... cosa, que no me asusta.

Besos

Ambar dijo...

YO RENUNCIO...es encontrarte cara a cara con tu esencia , es penetrar en el amor que es nuestra propia naturaleza...
Fluyee..se libre con la Vida..

Felicidades , sin excusas.

marga dijo...

Si lloramos por lo que no tenemos, nunca disfrutaremos de lo que tenemos, el tiempo no se detiene mientras nos quejamos...

Besos!! :)))
...y estrellas ★ ★ ★ :)))

Any dijo...

Bueno yo soy quejosa, es una de las cosas que tengo que mejorar. Me hizo mucha gracia la historia, seguramente me hubieran echado a los dos días porque lo hubiera atormentado al abad jajajaja.
un beso

roxana dijo...

quejarse es siempre poner en el otro lo que uno no quiere ver en uno. es facil quejarse, lo dificil es cambiar uno!!! Muy buena entrada!!!!!!!!!!!!!!!!!! un beso

beker dijo...

Hay que apostar por el cambio,en todo lo que valga, en lo personal, en lo que nos lleve a sentirnos mejor, en el camino hacia la felicidad de las pequeñas cosas, un abrazo

Aracne dijo...

muy bueno¡¡¡

El ave peregrina dijo...

Es una historia aplicable a muchos de nosotros,muchas veces callamos lo que debíamos de expresar por miedo a lo que dirán...Deberíamos de aplicar ese antídoto con más regularidad.

Besos...

Carrachina dijo...

que seguros nos encontramos a veces cuando no hacemos nada por enfrentar nuestros miedos,,, siempre nos asaltan las dudas si existirá algo mejor, pero muchas veces lo único que hacemos es quejarnos y no intentar cambiar.
Buenisima lección,,, en eso ando yo últimamente,, enfrentandome a mis miedos para poder seguir el camino que yo dibujo.
Besos.

Delia dijo...

Hola Angeles:

Excelente historia, a veces no nos damos cuenta que a través de las quejas nos vamos armando una identidad falsa que nos da una, también falsa, seguridad.

Un beso.

Graça dijo...

Angeles

esse maravilhoso conto (indiano?) ilustra perfeitamente meu Projeto O Poder das Palavras...

Belíssimo!
Gracias por visitar-me.
Um beijo!

maria jose moreno dijo...

Buena filosofía de vida. Te encontré y no piesno dejar de seguirte.
Un beso

Juan Francisco dijo...

Algo quejica si era el aprendiz de monje. Es una historia muy bonita (fuera de bromas). Un abrazo Ángeles y Feliz Navidad.

Belkis dijo...

Somos muy dados a quejarnos porque vemos siempre la paja en el ojo ajeno en vez de ver la viga que tenemos en el propio. Más que quejarnos debemos enmendar nuestros errores y mejorar nosotros como personas.
Muy buena reflexión Angeles.
Un besito

Olga i Carles dijo...

La única renúncia verdadera es la de desligarnos de lo que nos produce demasiada satisfacción.

Besitos.