viernes, 21 de agosto de 2009

Latif

Latif era el pordiosero más pobre de la aldea. Cada noche dormía en el zaguán de una casa diferente, frente a la plaza central del pueblo.
Cada día se recostaba debajo de un árbol distinto, con la mano extendida y la mirada perdida en sus pensamientos. Cada tarde comía de la limosna o de los mendrugos que alguna persona caritativa le acercaba.

Sin embargo, a pesar de su aspecto y de la forma de pasar sus días, Latif era considerado por todos, el hombre más sabio del pueblo, quizás no tanto por su inteligencia, sino por todo aquello que había vivido.

Una mañana soleada el rey en persona apareció en la plaza. Rodeado de guardias caminaba entre los puestos de frutas y baratijas buscando nada.

Riéndose de los mercaderes y de los compradores, casi tropezó con Latif, que dormitaba a la sombra de una encina. Alguien le contó que estaba frente al más pobre de sus súbditos, pero también frente a uno de los hombres más respetados por su sabiduría.

El rey, divertido, se acercó al mendigo y le dijo:
- “Si me contestas una pregunta te doy esta moneda de oro.”

Latif lo miró, casi despectivamente, y le dijo:
- “Puedes quedarte con tu moneda, para qué la querría yo? ¿Cuál es tu pregunta?

Y el rey se sintió desafiado por la respuesta y en lugar de una pregunta banal, se despachó con una cuestión que hacía días lo angustiaba y que no podía resolver. Un problema de bienes y recursos que sus analistas no habían podido solucionar.

La repuesta de Latif fue justa y creativa.
El rey se sorprendió; dejó su moneda a los pies del mendigo y siguió su camino por el mercado, meditando sobre lo sucedido.

Al día siguiente el rey volvió a aparecer en el mercado. Ya no paseaba entre los mercaderes, fue directo a donde Lafit descansaba, esta vez bajo un olivar. Otra vez el rey hizo una pregunta y otra vez Latif la respondió rápida y sabiamente. El soberano volvió a sorprenderse de tanta lucidez. Con humildad se quitó las sandalias y se sentó en el suelo frente a Latif.

- “Latif te necesito,” le dijo. “Estoy agobiado por las decisiones que como rey debo tomar. No quiero perjudicar a mi pueblo y tampoco ser un mal soberano. Te pido que vengas al palacio y seas mi asesor. Te prometo que no te faltara nada, que serás respetado y que podrás partir cuando quieras… por favor.”

Por compasión, por servicio o por sorpresa, el caso es que Latif, después de pensar unos minutos, aceptó la propuesta del rey.

Esa misma tarde llegó Latif al palacio, en donde inmediatamente le fue asignado un lujoso cuarto a escasos doscientos metros de la alcoba real.
En la habitación, una tina de esencias y con agua tibia lo esperaba.

Durante las siguientes semanas las consultas del rey se hicieron habituales.
Todos los días, a la mañana y a la tarde, el monarca mandaba llamar a su nuevo asesor para consultarle sobre los problemas del reino, sobre su propia vida o sobre sus dudas espirituales.

Latif siempre contestaba con claridad y precisión.

El recién llegado se transformó en el interlocutor favorito del rey. A los tres meses de su estancia ya no había medida, decisión o fallo que el monarca no consultara con su preciado asesor.

Obviamente esto desencadenó los celos de todos los cortesanos que veían en el mendigo-consultor una amenaza para su propia influencia y un perjuicio para sus intereses materiales.

Un día todos los demás asesores pidieron audiencia con el rey. Muy circunspectos y con gravedad le dijeron.

- “Tu amigo Latif, como tú llamas, está conspirando para derrocarte.”

- “No puede ser” dijo el rey. “No lo creo.”

- “Puedes confirmarlo con tus propios ojos,” dijeron todos. “Cada tarde a eso de las cinco, Latif se escabulle del palacio hasta el ala Sur y en un cuarto oculto se reúne a escondidas, no sabemos con quién. Le hemos preguntado a dónde iba alguna de esas tardes y ha contestado con evasivas. Esa actitud terminó de alertarnos sobre su conspiración.”

El rey se sintió defraudado y dolido. Debía confirmar esas versiones.

Esa tarde a las cinco, aguardaba oculto en el recodo de una escalera.
Desde allí vio cómo, en efecto, Latif llegaba a la puerta, miraba hacia los lados y con la llave que colgaba de su cuello abría la puerta de madera y se escabullía sigilosamente dentro del cuarto.

- “Lo visteis” gritaron los cortesanos, “lo visteis?”

Seguido de su guardia personal el monarca golpeó la puerta.

- “¿Quién es?” dijo Latif desde adentro.

- “Soy yo, el rey,” dijo el soberano. “Ábreme la puerta.”

Latif abrió la puerta.

No había nadie allí, salvo Latif.

Ninguna puerta, o ventana, ninguna puerta secreta, ningún mueble que permitiera ocultar a alguien.

Sólo había en el piso un plato de madera desgastado, en un rincón una vara de caminante y en el centro de la pieza una túnica raída colgando de un gancho en el techo.

- “¿Estás conspirando contra mi Latif?” pregunto el rey.

- “¿Cómo se te ocurre, majestad?” contesto Latif. “De ninguna forma, ¿por qué lo haría?”

- “Pero vienes aquí cada tarde en secreto. ¿Qué es lo que buscas si no te ves con nadie? ¿Para qué vienes a este cuchitril a escondidas?”

Latif sonrió y se acercó a la túnica rotosa que pendía del techo. La acarició y le dijo al rey:

- “Hace sólo seis meses cuando llegué, lo único que tenía eran esta túnica, este plato y esta vara de madera” dijo Latif. “Ahora me siento tan cómodo en la ropa que visto, es tan confortable la cama en la que duermo, es tan halagador el respeto que me das y tan fascinante el poder que regala mi lugar a tu lado… que vengo cada día para estar seguro de no olvidarme de QUIÉN SOY Y DE DÓNDE VINE”.


- Jorge Bucay -

17 comentarios:

SANDRA dijo...

Qué bella y reflexiva tu entrada Angeles, jamás debemos olvidar nuestro origen, si queremos tener una vida espiritualmente sana.
Feliz fin de semana.
Besitossssssss.

Otra vez a viajar al olvido... dijo...

no hay que olvidar de donde venimos...

delfin en libertad dijo...

Preciosa reflexión Angeles. Cierto, hay cosas que lo material nunca debe cambiar. Nuestra esencia. Un abrazo.

Ronald Durán dijo...

Excelente reflexión, muchas gracias por compartirla y hacernos reflexionar.

Saludos!!!

Ronald Durán dijo...

Perdón por la redundancia en el comentario anterior... que pena!!

Sol dijo...

Perfecto!!!
Otra sabia respuesta de Latif...
Jamas olvidarnos de lo que fuimos... de donde vinimos y yo agregaria: hacia donde vamos!!!
Gracias Angeles por tu apoyo, y tus palabras de cariño!!!
Viste? Nos quedamos sin musiquita???
Y a mi que me encantaba escuchar Bendita tu luz!!!
Besos cielo, buen finde!!!

rosarito dijo...

Importante respuesta de latif, no olvidar nunca tus origenes , y sobre todo quien fuistes y eres .
Por desgracia hay mucha gente que por suerte en la vida, o por que se lo ha trabajado alcanza un estatus social que no imaginaba y se olvidan de su procedencia e incluso de quien era.

Besitos a todos

DIAVOLO dijo...

No deberíamos jamás olvidar quiénes somos ni de dónde venimos... Me ha gustado MUCHO.

Besos.

amor que soy dijo...

recuerda que eres humano, como les decía el esclavo a los generales romanos victoriosos

Jayja para tí... dijo...

amiga que cosa mas maravillosa!!! espero nunca, nunca olvidarme de quien soy, gracias por regalo tan maravilloso, mil besos, angeles que vuelas por mi cabeza, dejando caer gotas de rocio, un beso grande para ti de jayja, para no olvidarme de que te quiero y eres una de mis amigas

Mundo Animal. dijo...

(“)_(“).-“”’-.,/)
; ° ° ‘; - ., , ‘ )
(♥_, )’__,)’-._)

QUE LINDA ENTRADA Y QUE BUEN MENSAJE NOS DEJA, JAMAS DEBEMOS OLVIDA RDE DONDE VENIMOS, UN BESO Y BUEN FIN DE SEMANA AMIGA
CHRISTIAN

Laury dijo...

Angeles que bello mensaje nos regalas en tu entrada un gusto leerte, te dejo un besito y te deseo un buen fin de semana

* Laury *

Adolfo Payés dijo...

Encontrar escritos como este que nos ayuden a reflexionar, y a ser siempre fieles a nuestras raíces.. es hermoso

Un abrazo siempre con cariño
Y mis saludos fraternos.


Que tengas un buen fin de semana

Delia Regina dijo...

Qué hermosa historia; reconocernos cada día es la mayor riqueza que podemos poseer.
Un beso y feliz fin de semana.

galicia maravillas dijo...

:) ya lo conocía Ángeles, pero no lo recordaba! gracias por refrescarme la memoria!! un biquiño y muy feliz fin de semana!!!

Ninfa Azul dijo...

Muy buena lección de humildad,cosa que muchas veces olvidamos ,creyendonos lo que no somos.preciosa leyenda que refleja toda la sabiduria de Latif..buén olfato el del Rey..
Un gran abrazo.

TORO SALVAJE dijo...

Recordar los orígenes para no olvidar quien somos.
Muy bueno.

Lo de CASI R.I.P. es una broma, el R.I.P. es el requiem in pacem que se pone en las lápidas, y con el CASI delante pues quiere decir que está casi muerta.

Besos.