martes, 5 de mayo de 2009

El reloj parado a las siete

Este cuento de Papini es un monólogo de un personaje que escribe en la soledad de su cuarto.

En una de las paredes de mi cuarto hay colgado un precioso reloj que ya no funciona. Sus manecillas, detenidas casi desde siempre, señalan imperturbables la misma hora: las siete en punto.

Casi siempre, el reloj es sólo un inútil adorno sobre una blanquecina y vacía pared. Sin embargo, hay dos momentos durante el día, dos fugaces instantes, en que el viejo reloj parece resurgir de sus cenizas como un ave fénix.

Cuando todos los relojes de la ciudad, en sus enloquecidos andares, marcan las siete, y los cucús y los gongs de las máquinas hacen sonar siete veces su repetido canto, el viejo reloj de mi habitación parece cobrar vida. Dos veces al día, por la mañana y por la noche, el reloj se siente en completa armonía con el resto del universo.

Si alguien mira el reloj solamente en esos dos momentos, diría que funciona a la perfección… Pero, pasado ese instante, cuando los demás relojes acallan su canto y las manecillas continúan su monótono camino, mi viejo reloj pierde su paso y permanece fiel a aquella hora que alguna vez detuvo su andar.

Y yo amo ese reloj. Y cuando más hablo de él, más lo amo, porque cada vez siento que me parezco más a él.

También yo estoy detenido en un tiempo. También yo me siento clavado e inmóvil. También yo soy, de alguna manera, un adorno inútil en una pared vacía.

Pero disfruto también de fugaces momentos en que, misteriosamente, llega mi hora.

Durante ese tiempo siento que estoy vivo. Todo está claro y el mundo se vuelve maravilloso. Puedo crear, soñar, volar, decir y sentir más cosas en esos instantes que en todo el resto del tiempo. Estas conjunciones armónicas se dan y se repiten una y otra vez, como una secuencia inexorable.

La primera vez que lo sentí, traté de aferrarme a ese instante creyendo que podría hacerlo durar para siempre. Pero no fue así. Como a mi amigo el reloj, también a mí se me escapa el tiempo de los demás.

… Pasados esos momentos, los demás relojes, que anidan en otros hombres, continúan su giro, y yo vuelvo a mi rutinaria muerte estática, a mi trabajo, a mis charlas de café, a mi aburrido andar, que acostumbro a llamar vida.

Pero sé que la vida es otra cosa.

Yo sé que la vida, la de verdad, es la suma de aquellos momentos que, aunque fugaces, nos permiten percibir la sintonía con el universo.

Casi todo el mundo, pobre, cree que vive.

Sólo hay momentos de plenitud, y aquellos que no lo sepan e insistan en querer vivir para siempre, quedarán condenados al mundo del gris y repetitivo andar de la cotidianeidad.

Por eso te amo, viejo reloj. Porque somos la misma cosa tú y yo.

- Recuentos para Demián - Jorge Bucay -


8 comentarios:

carmen dijo...

Que bello reloj.
Solo hay momentos de plenitud.

Un besito con cariño.

marga dijo...

Adoro los cuentos de Jorge Bucay, me han enseñado muchas cosas, entre ellas, a seguir en el tiempo cuando todos los relojes se han parado.
Te dejo un abrazo, que siempre que necesites, podrás multiplicar :)

SILVIA dijo...

HOLA AMIGOTA LINDA¡¡
ME ENCANTA BUCAY Y ESTO NO LO HABIA LEIDO NUNCA, AUNQUE HABLA DE ESA SOLEDAD QEU QUIZAS SENTIMOS MUCHOS , ME GUSTO , MUY BUENO¡¡¡¡
BESOTE DE MARTES, Y QUE SEA REQUETELINDO¡¡ TKMUCHO

Regina dijo...

Angeles, qué maravilla de relato!!! conmueve desde lo más profundo, desde ahí donde se manifiesta la belleza del instante eterno.
Gracias, me lo llevo.
Un beso.

Silvia dijo...

Que bonito!nunca había escuchado este cuento de Bucay...siempre se aprende algo en tu blog...gracias!!

:)por cierto me encanta Silvio Rodriguez!!!

DIAVOLO dijo...

Hola! Gracias por acercar(me/nos) este cuento. Gracias a este mundo del blog he tenido oportunidad de conocer a este autor, y cada día me atrae más leerlo... es muy bueno.

Besos!!!

Naiba dijo...

Hola Angeles

Relato fracamente precioso que no conocía y que me dan ganas de localizar el libro y leerlo.

Me parece simplemente maravilloso...que somos, sino instantes fugaces que roban el aliento como rafagas de viento...epifanias del alma.

Es hermoso saber que en un momento todos llegaremos a estar concordando y que nos encontraremos a las siete como hermanos.

Besotes

Carrachina dijo...

Es algo misterioso pero cuando lo estaba leyendo me recordó a algo que habia leido de Jorge Bucay , sobre un chico que llega a una ciudad y va al cementerio y lee en la lápida vivió tres años, en la siguiente vivió un año.
Que tristeza más honda embriagó su cuerpo pero resulta que lo que ponia en la lápida era los momentos que realmente la pasó bien, viviendo la vida y disfrutando de ella.
Cuando llegué al final de tu escrito sorpresa el texto de Jorge Bucay.
Un beso enorme Angeles.