viernes, 10 de abril de 2009

NOSOTROS SOMOS TRES, TÚ ERES TRES

Cuando el barco del obispo se detuvo durante un día en una isla remota, decidió emplear la jornada del modo más provechoso posible. Deambulaba por la playa cuando se encontró con tres pescadores que estaban reparando sus redes y que, en su elemental inglés, le explicaron cómo habían sido evangelizados siglos atrás por los misioneros. «Nosotros ser cristianos», le dijeron, señalándose orgullosamente a sí mismos.
El obispo quedó impresionado. Al preguntarles si conocían la Oración del Señor, le respondieron que jamás la habían oído. El obispo sintió una auténtica conmoción. ¿Cómo podían llamarse cristianos si no sabían algo tan elemental como el Padrenuestro?
«Entonces, ¿qué decís cuando rezáis?» «Nosotros levantar los ojos al cielo. Nosotros decir: 'Nosotros somos tres, Tú eres tres, ten piedad de nosotros'». Al obispo le horrorizó el carácter primitivo y hasta herético de su oración. De manera que empleó el resto del día en enseñarles el Padrenuestro. Los pescadores tardaban en aprender, pero pusieron todo su empeño y, antes de que el obispo zarpara al día siguiente, tuvo la satisfacción de oír de sus labios toda la oración sin un solo fallo.
Meses más tarde el barco del obispo acertó a pasar por aquellas islas y, mientras el obispo paseaba por la cubierta rezando sus oraciones vespertinas, recordó con agrado que en aquella isla remota había tres hombres que, gracias a pacientes esfuerzos, podían ahora rezar como era debido. Mientras pensaba esto, sucedió que levantó los ojos y divisó un punto de luz hacia el este. La luz se acercaba al barco y, para su asombro, vio tres figuras que caminaban hacia él sobre el agua. El capitán detuvo el barco y todos los marineros se asomaron por la borda a observar aquel asombroso espectáculo.
Cuando se hallaban a una distancia desde donde podían hablar, el obispo reconoció a sus tres amigos, los pescadores. «¡Obispo!», exclamaron, «nosotros alegrarnos de verte. Nosotros oír tu barco pasar cerca de la isla y correr a verte».
«¿Qué deseáis?»?, les preguntó el obispo con cierto recelo.
«Obispo», le dijeron, «nosotros tristes. Nosotros olvidar bonita oración. Nosotros decir: 'Padre Nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Reino...'. Después olvidar.
Por favor, decirnos otra vez toda la oración». El obispo se sintió humillado. «Volved a vuestras casas, mis buenos amigos», les dijo, «y cuando recéis, decid: 'Nosotros somos tres, tú eres tres, ten piedad de nosotros'».



- El canto del pájaro - Anthony De Mello -




8 comentarios:

Jova dijo...

Cada quien ora segun su sentimiento, no tenemos que seguir un standar establecido porque finalmente Dios nos escucha. Gracias por la frase de Chaplin que me regalaste. Felices pascuas. Un beso grande.

Nur dijo...

amen...

Besos de buenas madrugadas...

Maria Rosa dijo...

Que linda narración, bello modo de decirnos que cada uno se acerca a su manera a Dios.

Besotes enormeeeeeeees amiga :)

TORO SALVAJE dijo...

Muy adecuado para estos días.

Besos.

Regina dijo...

Muy bueno, se parece a otra historia que cuenta sobre un cura que predicaba a unos indios y después de escucharlo el cacique le dijo: "muy bueno, rasca bien, pero rasca donde no pica".... y así es la historia de toda enseñanza doctrinaria. Cada uno reconoce lo que necesita y lo debe buscar por sí mismo.
Un abrazo.

sedemiuqse dijo...

jajajjaajja ¡¡¡¡ea!!!! pues no he podido leer jajajaja me despiste con la mariposa....¿CÓMO SE COGE?

besos y amor
luego vengo
je

PD
a mi lo que me hacía falta es una distracción....

Nerina Thomas dijo...

Qué autor has elegido!!! Libros de mesa de luz de por vida.
mi cariño

delfin en libertad dijo...

Muy linda la historia de grandes enseñanzas. Un abrazo.