miércoles, 14 de enero de 2009

La culpa

La madre vio a la hija que se preparaba para salir esa noche con su jefe, quien la había invitado por primera vez. Mientras la muchacha, que tenía dieciocho hermosos años muy bien puestos, se maquillaba, la madre empezó a llorar...
¿Qué pasa mamá? —preguntó “la nena”.
Es que yo sé lo que va a pasar esta noche —dijo la madre.
¿Qué va a pasar esta noche, mami?
Esta noche, hija, tu jefe te va a venir a buscar (un auto lujoso. Te va llevar a cenar a uno de esos lugares caros con velas y músicos que tocan el violín entre las mesas. Después te va a llevar a bailar y a tomar una copa en algún lugar oscuro y mientras estén bailando te va a decir de lo linda que eres y todo eso...
Bueno, mamá. ¿Y qué tiene eso? —pregunta la hija.
Que después te va a invitar a conocer su casa. Yo sé como va a pasar todo.
¿Y?
Y la casa va a ser uno de esos departamentos modernos que tienen un balcón desde donde se ve el río. Y entonces mientras miren por el balcón él va a poner música y va destapar una botella de champagne. Va a brindar por ti y por el encuentro y te va a invitar a mostrarte la casa... Y ahí es donde podría pasar la tragedia.
¿Cuál tragedia, mamá?
Cuando lleguen al dormitorio, él te va a mostrar la vista desde allí y te va dar un beso; eso no me asusta. Pero después, hijita, después él te va a mostrar la cama y se va a tirar encima tuyo. Y si tú le permites que se acueste encima tuyo, yo me voy a morir. Y si yo me muero tú vas a cargar con esa culpa por el resto de tu vida... ¿Entiendes por qué lloro, hija? Lloro por ti, por tu futuro.
Bueno, mamá, quédate tranquila. No creo que pase eso que dices.
Acuérdate hija, acuérdate... Yo me muero, acuérdate.
A la hora señalada, un auto importado carísimo para enfrente de la puerta de la familia. Toca la bocina, la hija sale, sube y el auto parte...
A las cinco de la mañana “la nena” vuelve a casa. La madre, por supuesto, está despierta sentada en el sillón.
• ¿Y, hija? ¿Qué pasó? Cuéntale todo a tu madre.
• Mami, ¡es increíble! Todo fue como me dijiste. El restaurante, el baile, el departamento, todo.
• ¿Y...? ¿Y...?
Pero cuando llegamos al dormitorio y él quiso subirse encima de mí, me acordé de ti, mami. Me acordé de la culpa que me iba a quedar si tú te morías.
Muy bien, hijita. Y te fuiste...
No. Me acosté yo encima de él. ¡Que se muera la madre de él!


LA CULPA ES UN BOZAL QUE LE CABE SÓLO
A LOS QUE NO MUERDEN.

- De la autoestima al egoísmo - Jorge Bucay -

6 comentarios:

SILVIA dijo...

AJAJAJJJ , POR DIOS, QUE FINAL JAJAJ ME MATASTE, ME DESPISTASTE, VENIA PREPARADA PARA , LEER ALGUNA REFLEXION DE LAS TUYAS Y TAN BUENAS, PERO ME VOY CON UNA SONRISA Y CUOTA DE HUMOR EXTRA, GRACIAS¡¡¡¡
BESITOS¡¡¡

VIVIR dijo...

jajajajajajajajaja

que arte mas grande.....

Un besazo

MARIO ALONSO dijo...

Jajaja... chica inteligente, jajajaja...

mimbre dijo...

Angeles..
Me causo nucha risa este escrito tuyo..Jorge Bucay..un genio!!
No se puede negar el cariño de "esa" hija obediente, por su mamá..verdad!!!
Un abrazo
Osvaldo.

Nur dijo...

jajaja, que pilliiiiinaaaa

Besos!

Themys Brito dijo...

Jajajajaja, Angeles, esto es diferente. Jajaajaja.