viernes, 12 de diciembre de 2008

Los sonidos del campo


Un rey mandó a su hijo a estudiar en el templo de un gran Maestro, con el objetivo de prepararlo para ser un gran administrador.
Cuando el príncipe llegó al templo, el Maestro lo mandó solito para un campo. Él debería volver un año después, con la tarea de describir las vivencias en el campo. Retornando al templo, después de un año, el Maestro le pidió que describiera las vivencias de todo aquello que consiguió vivir y oír.

Dice el príncipe:
- Maestro, pude oír el canto de los cucos, el rozar de las hojas, el alborozo de las bellas flores, la brisa batiendo en la grama, el zumbido de las abejas y el barullo del viento cortando el silencio.

Al terminar su relato, el Maestro pidió que el príncipe retornase nuevamente al campo, para oír todo lo más que fuese posible.
A pesar de lo intrincado, el príncipe obedeció la orden del Maestro, pensando:

"¿Mas yo ya no distinguí todos los sonidos de la floresta? "

Por días y noches estuvo solito oyendo, oyendo, oyendo... Sin embargo, no consiguió distinguir nada de nuevo a los ya mencionados anteriormente.

Entonces, cierta mañana, comenzó a distinguir sonidos vagos, diferentes de todo lo que oyera antes. Cuanto más atención prestaba, más claros los sonidos se tornaban. Una sensación de encantamiento tomó cuenta del joven.

Pensó: " Esos deben ser los sonidos que el Maestro quería que yo oyese ". Y, sin prisa, quedó allí oyendo pacientemente. Quería tener la certeza de que estaba en el camino cierto.

Cuando retornó al templo, el Maestro le preguntó lo que más consiguiera oír. Paciente y respetuosamente el príncipe dice:

- Maestro, cuando presté más atención, pude oír el inaudible sonido de las flores que se van abriendo, el zumbido del sol calentando a la tierra y el de la grama bebiendo el rocío de la mañana.
El Maestro sonriendo, movió la cabeza en señal de aprobación y dijo:

- Oír lo inaudible es tener la disciplina necesaria para tornarse en un gran administrador. Apenas cuando se aprende a oír los corazones de las personas, sus sentimientos más profundos, los miedos no confesados y las quejas silenciosas, un administrador puede inspirar confianza, a todos, entender lo que está errado y atender las reales necesidades de cada uno.
Es preciso, oír el lado inaudible de las cosas, el lado no mensurado, el más importante del ser humano...


5 comentarios:

SILVIA dijo...

QUE LINDO POST¡¡¡¡¡¡¡
ES VERDAD, CUANDO TENGAMOS EL CORAZON BIEN ABIERTO Y DISPESTO A ESCUCHAR AL OTRO, AUNQUE SEA DESDE SU SILENCIO, CREO QUE ENTENDEREMOS UN POCO MAS, EL CAMINO DE LA VIDA
TE MANDO MIL BESSOS¡¡¡

Abejitas dijo...

A ti que te gusta la poesía, te invitamos a escuchar el romance de la colmena.

Aleteos!

Themys Brito dijo...

Lo bueno de este cuento es que el hijo puede alejarse al campo... nosotros tenemos que buscar, entre la multitud, esos momentos para reflexionar y escucharlo todo con atención.
Me encantó.

Alma dijo...

Creo que quien busca encuentra,
quien está atento ve,
y quien desea escuchar oye aún siendo sordo.

Todo se esconde dentro de la atención de la ternura.

Desde mi amor.

MARIO ALONSO dijo...

No hay más ciego que quien no quiere ver, ni más sordo que quien no quiere oír...