sábado, 12 de julio de 2008

La ciudad de los pozos


Había una ciudad habitada no por personas sino por pozos. Estos pozos vivos se diferenciaban por su ubicación y por el brocal, abertura que los conectaba con el exterior. Habían pozos pudientes y ostentosos; otros humildes y algunos, más pobres. Se comunicaban entre ellos de brocal en brocal, a través de los cuales las noticias viajaban rápidamente.
Un día llegó a la ciudad una “moda”: todo pozo que se valore debería cuidar mucho más lo interior que lo exterior. “Lo importante no es lo superficial sino el contenido”. Así, los pozos empezaron a llenarse de cosas. Unos se llenaban de riquezas, otros prefirieron los libros, algunos optaron por el arte y los demás, por cosas útiles. Como era lógico, después de un tiempo se llenaron a tal punto que ya no pudieron contener nada más.
A uno de los pozos se le ocurrió aumentar su capacidad ensanchándose, a fin de seguir metiendo cosas en su interior… La idea fue imitada y todos los pozos gastaban gran parte de sus energías ensanchándose.
Un pequeño pozo alejado de la ciudad pensó que de esta manera se podrían confundir sus bordes y perder su identidad. Se le ocurrió entonces otra manera de aumentar su capacidad: crecer hacia lo profundo, más hondo en lugar de más ancho. Se dio cuenta de que todo lo que tenía adentro le impedía profundizar. Si quería ser más profundo debía vaciarse de todo contenido. Al principio tuvo miedo al vacío, pero luego, llenándose de valor, lo hizo.
Vacío de posesiones, el pozo empezó a volverse profundo, hasta que un día tuvo una sorpresa: adentro, muy en el fondo ¡encontró agua! Nunca antes otro pozo la había encontrado… Al superar la sorpresa, empezó a jugar con el agua, humedeciendo sus paredes, salpicando los bordes y por último, sacándola afuera. Tanto, que la tierra alrededor del pozo empezó a despertar. La vida explotó en colores alrededor del alejado pozo. Todos le preguntaban cómo había conseguido el milagro.
- No hay milagro, sólo hay que buscar en el interior, hacia lo profundo… -contestaba-
Muchos siguieron su ejemplo, pero abandonaban la idea cuando se daban cuenta de que para profundizar debían vaciarse.
En otro extremo de la ciudad, otro pozo decidió correr también el riesgo del vacío y empezó a profundizar, hasta llegar al agua… creando un segundo oasis verde en el pueblo.
Un día, los dos pozos se dieron cuenta que el agua que habían encontrado en el fondo de sí mismos era la misma, que el río subterráneo que pasaba por uno inundaba la profundidad del otro. Se abría para ellos una nueva visión de la vida. No sólo podían comunicarse superficialmente, de brocal a brocal, como todos los demás, sino que ahora tenían un nuevo y secreto punto de contacto: “La comunicación profunda que sólo consiguen entre sí aquellos que tienen el coraje de vaciarse de contenido y buscan en lo profundo de sus ser lo que tienen para dar…”
-Jorge Bucay-

2 comentarios:

DESTINY_SP dijo...

wow ke bonito.. te hace reflexionar... por eso siempre hay ke demostrar tus verdaderos sentimientos.. aunke aveces eso es malo

Angeles dijo...

solo es malo si el otro pozo está lleno y no tan malo porque de eso se aprende..a reconocer un pozo lleno de uno vacío.